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Por Olmedo Beluche 

Acto – Debate
Centenario de la Revolución Rusa.
¿Qué enseñanzas deja a la juventud y los trabajadores del siglo XXI?
Por Olmedo Beluche – Polo Ciudadano

 


8 de noviembre de 2017 – Universidad de Panamá


Buenas noches, compañeros y compañeras.
Si hubiera que hacer una apretada síntesis de las lecciones que la juventud y la clase trabajadora del siglo XXI puede aprender de la Revolución Rusa de 1917, yo señalaría 8 aspectos:
1.      Siendo que las revoluciones son acontecimientos difíciles de pronosticar, mucho menos programar, que nadie puede producir por decreto, las cuales los partidos luchan por dirigir, y cuando lo logran es por momentos más bien breves, la Revolución Rusa fue posible por la combinación de dos instrumentos de la clase trabajadora que coexistieron:
 
1.    El Partido Bolchevique, de Lenin, basado en disciplina (centralismo), sí; pero también en una amplia democracia interna donde hasta las opiniones de Lenin eran cuestionadas sin que eso significara “traición”, lo cual quedó graficado en la oposición de Zinoviev y Kamenev a tomar el poder en Octubre.

 
2.    La existencia de los Sóviets, esas grandes asambleas democráticas de obreros, soldados y campesinos, donde todo era sometido a debate, y fue la que permitió el proceso de maduración rápida de la conciencia de esos sectores populares, porque allí se confrontaban los planteamientos de los partidos con la realidad concreta.
Lamentablemente las generaciones actuales, salvo excepciones, han carecido de instrumentos semejantes, y tal vez eso explique la singularidad de la Revolución Rusa hasta el presente. Y esto ha sucedido porque la degeneración burocrática stalinista destruyó al partido bolchevique, no sólo físicamente, sino también en sus métodos, sustituyendo la democracia interna por la dictadura de los secretarios generales y los “comandantes”.
También la práctica coaligada de dirigentes gremiales de derechas, socialdemócratas y stalinistas han bloqueado y destruido los organismos asamblearios de masas allí donde han surgido, suplantándolos por el verticalismo, el aparatismo y el vanguardismo.
 
2.      Un partido bolchevique consecuentemente clasista y revolucionario, que no fue atrapado por los cantos de sirena del parlamentarismo burgués donde murieron los principios de la socialdemocracia europea renunciando a la revolución socialista, por las “reformas” y la colaboración de clases. Y, cuando los dirigentes del Partido Bolchevique dentro de Rusia, luego de derrotado el zarismo por la Revolución de Febrero, estuvieron a punto de apoyar al gobierno de liberales y socialdemócratas que acabaría residiendo Kerensky, Lenin llegó a tiempo de su exilio para retornarlo al clasismo consecuente.
 
En eso consisten las llamadas Tesis de Abril, en que Lenin advierte que el gobierno burgués acabaría traicionando las aspiraciones populares a paz, pan, tierra y libertad. Por lo cual proponía seguir luchando bajo la consigna de ¡Todo el poder a los sóviets! Es decir, todo el poder a la clase trabajadora. No a la colaboración de clases.
 
Esta es una de las principales lecciones de la Revolución Rusa que suele ser olvidada, porque la izquierda en general se ha impregnado del oportunismo, el reformismo y la colaboración de clases que tanto combatió Lenin. Esta es otro de los principios que la degeneración burocrático salinista de la URSS enterró y que conviene rescatar si queremos superar la miseria del capitalismo del siglo XXI.
 
3.       La consecuente y sistemática aplicación del internacionalismo proletario por parte de los bolcheviques, Lenin, Trotsky, Liebknecht y Rosa Luxemburgo, lo que les permitió comprender el carácter imperialista de la I Guerra Mundial y su llamado a rechazarla cuando toda la socialdemocracia caía presa de los nacionalismos imperiales de sus países. 

Cuando el pueblo ruso se levantó exigiendo paz y el fin de las atrocidades de la guerra, sólo los bolcheviques fueron el único partido que se mantuvo firme en ello y por eso recibió el apoyo de campesinos, obreros y soldados.

Ese internacionalismo proletario, tan alejado de cualquier nacionalismo “gran ruso”, le permitió a Lenin construir una gran Federación de Repúblicas Socialistas, con la multitud de naciones antes oprimidas por el zarismo. También le dio una perspectiva realista de la revolución rusa, al ser consciente que, para avanzar, necesitaba el triunfo de revoluciones en occidente, en especial en Alemania, lo que, de no darse, como no se dio, implicaba fuertes limitaciones al socialismo soviético.

En esa misma perspectiva, fruto de la Revolución Rusa y el internacionalismo de sus dirigentes fue la creación de la III Internacional Comunista, para unir la lucha de la clase obrera por el socialismo en todo el mundo.

La degeneración burocrática stalinista también destruyó este principio, incluso antes de morir Lenin tuvo que combatir los abusos de José Stalin en Georgia. El stalinismo primero manipuló la internacional y luego la disolvió en 1943, cuando consideró que convenía al estado nacional ruso. Finalmente, Stalin sustituyó ese principio internacionalista por el nacionalismo del estado ruso, el racismo antisemita y anti musulman.

El nacionalismo es el “opio del pueblo” de la modernidad capitalista, los jóvenes y trabajadores del siglo XXI deben huir de ese veneno que embrutece y divide a los oprimidos, sosteniendo la bandera de la hermandad de los pueblos del mundo, del internacionalismo proletario, del humanismo socialista.
 
4.      El protagonismo de las mujeres obreras como vanguardia de la Revolución Rusa, y de todas las revoluciones. No sólo aquel 8 de marzo que dio inicio a la Revolución de Febrero que derribó a la autocracia zarista, sino durante toda la revolución y la guerra civil posterior. La Revolución Rusa, aunque no erradicó completamente acendrados esquemas culturales de tipo patriarcal, los cuales combatieron sus dirigentes, sí dio pasos gigantescos en el reconocimiento de los derechos de las mujeres.

Fue el primer estado en reconocer plenos derechos políticos a las mujeres, incluyendo el voto y la posibilidad de ser elegidas; fue el primer estado occidental en sumar mujeres a nivel de ministros y en servicio exterior, donde se destacó Alejandra Kolontai. Dio importantes apoyos a la igualdad en la familia, con la ley del divorcio, guarderías estatales para apoyar a las trabajadoras, derechos de maternidad, etc.
 
5.      La Revolución Rusa sustituyó la autocracia zarista y la dictadura del capital, disfrazada de “democracia representativa”, por una forma de democracia superior, más directa y participativa: los Sóviets, Consejos o Asambleas de trabajadores, campesinos y soldados.

Enormes asambleas donde la gente discutía de todos los temas, desde aspectos locales, hasta la política nacional e internacional, elegía a sus delegados y los sometía a examen público y les revocaba el mandato de manera inmediata si fuera el caso. Como se ha dicho, esta democracia popular permitió la maduración política de grandes masas porque todos los partidos debían someter sus opiniones al tamiz de las bases, y donde se confrontaban las palabras con los hechos.

Esta forma de democracia obrera no es excepcional. Donde quiera que hubo revoluciones triunfantes, con las especificidades de cada país, nacieron organismos asamblearios de tipo soviético, llámese la COB en la Revolución Boliviana de 1952, o los Cordones Industriales en el Chile de 1970 – 73.  En Panamá, durante la revolución anticolonial de 1964, se les llamó Comités de Defensa de la Soberanía.
 
6.      La victoria de los trabajadores rusos sentó las bases para la transición al socialismo y demostró que era posible y que, pese a los bloqueos y guerras económicas, era posible una sociedad mejor que el capitalismo para la humanidad.

Lo que se logró no era el socialismo, la meta, sino los primeros pasos hacia allá, pero se demostró que era posible y no utópico: una economía sin empresarios; que existiera el control obrero de la industria; que existiera una planificación económica centralizada desde el gobierno, sobre la base la nacionalización de la banca y del comercio exterior, sin que necesariamente desapareciera de un golpe la pequeña y mediana empresa capitalista.

Ello permitió que, pese a la guerra y el sabotaje, asegurar una vida digna para todos los ciudadanos, que no solo incluía lo básico en alimentos y otras necesidades, sino también acceso a elementos culturales que antes estaban negados a los pobres, superando el hambre y la miseria capitalistas.
 
7.      La Revolución Rusa dio la tierra a quien la trabaja, con el primer decreto del gobernó bolchevique, expropiando a los latifundistas, nacionalizando la tierra y dándola en usufructo a los campesinos y sus organizaciones soviéticas y cooperativas, así como a las granjas estatales, koljoses. De pronto, el sueño de siglos del campesinado pobre del mundo se hizo real.
 
8.      La Revolución Rusa nos obliga también a pensar en las causas de su degeneración burocrática stalinista. Sin esta reflexión crítica de la degeneración stalinista, no hay enseñanza alguna que se pueda aprovechar por las generaciones del siglo XXI. Las circunstancias históricas específicas de la URSS que dieron origen a un régimen dictatorial como el de Stalin, ¿Son excepcionales o se han repetido? ¿Se puede prevenir? 

¿Todas las revoluciones están obligadas, por la “ley del péndulo”, a pasar por diversas fases de radicalización hasta un punto máximo, luego del cual se retrocede a un estancamiento, que Trotsky llamó Termidor, tomándolo de la Revolución Francesa?

¿Es utópico que se pueda vivir bajo un régimen equilibrado entre el poder centralizado de un gobierno revolucionario y una democracia participativa como los sóviets? ¿Toda expropiación de la burguesía debe conducirnos a una crisis social y económica, originada por el sabotaje interno e internacional, y a vivir una especie de “comunismo de guerra” que, evidentemente no es el socialismo?

¿Es posible que se repitan revoluciones como la rusa? ¿Llegará a existir alguna vez una sociedad sin explotación de clases, sin opresión, ni discriminación?

Esas son las preguntas comunes que se hace la juventud del siglo XXI, cuyas respuestas deben encontrar por sí mismos, recurriendo al estudio de experiencias del pasado combinadas con una praxis revolucionaria en el presente. 

Están obligados a responderlas y a actuar, pues el sistema capitalista mundial sigue sumiendo a la humanidad en guerras sanguinarias, en planes de super explotación capitalista, en crisis crónicas del sistema, en regímenes cada vez más antidemocrático y oligárquicos. Es decir, cien años después de la Revolución Rusa, la vida de la humanidad no es mejor, sino es que peor, y sigue bajo las mismas lacras.

Estudiando la Revolución Rusa, la clase trabajadora y la juventud, seguro encuentren respuestas a muchos de sus interrogantes actuales, pero también seguro encontrarán ejemplos de vida y modelos morales que les inspiren entre aquellos hombres y mujeres que hicieron aquella gloriosos revolución.

Las consignas de aquella revolución siguen vigentes:

¡Paz, pan, tierra y libertad para el mundo del siglo XXI!
¡Todo el poder a los sóviets!
Panamá, 8 de noviembre de 2017.

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