Por: Franklin Ledezma Candanedo


Ab. 14/20.- Katu Arkonada, escritor argentino, Politólogo especialista en América Latina, miembro de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad, en artículo bajo la nomenclatura “Tecnología y militarización en tiempos de coronavirus”, publicado por Tele Sur (11 de abril, 2020), señaló:

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“Todo el mundo, periodistas y analistas especialmente, escribe sobre la crisis del coronavirus haciendo analogías con la crisis económica del 2008. Pero hay que echar la mirada unos años más atrás para encontrar otro punto de referencia: la época post 11S donde un shock a nivel planetario sirvió como excusa para el mayor recorte a las libertades civiles y políticas nunca antes visto, mediante Patriot Act”. “La era de la biopolítica digital ya está aquí…”.

Analicemos el tema y sus repercusiones para toda la humanidad, a la luz de los criminales objetivos de los amos del mundo.

(Nota relacionada: BIOPOLÍTICA (IParte)

La vigilancia digital que realizan gobiernos de otros continentes, parece ser, teóricamente, una respuesta mucho más efectiva para combatir el Covid-19, que las medidas adoptadas por los países de occidente.

Todo parece indicar que en lejanos países existe una cultura de datos y de vigilancia digital, y en esa cruzada para salvaguardar vidas humanas, no solo participan virólogos y epidemiólogos, sino también, informáticos profesionales y especialistas en macro datos.

En tierras lejanas hay millones de cámaras de vigilancia dotadas de inteligencia artificial capaces de reconocer rostros y evaluar el completo desplazamiento de los ciudadanos por áreas públicas. El tránsito de datos entre las compañías telefónicas, los servicios de seguridad y ministerios de salud, permiten que no haya momento del día en el ciudadano no esté sometido a observación.

Es posible, en otras latitudes, la protección de datos porque los ciudadanos no ponen resistencia a la vigilancia digital, en función de la mentalidad autoritaria de los gobernantes y a la actitud obediente de las personas.

El desarrollo y uso de esas tecnologías ha resultado bastante eficaz en la contención del virus, en la medida que los grupos de investigación pueden detectar posibles infectados solo con el manejo de datos técnicos. Las cámaras de vigilancia son capaces de medir la temperatura corporal de los transeúntes y de advertir de la situación a quienes se encuentren en un radio cercano, por medio de una notificación a sus celulares. Además, se incluye el uso de drones que patrullan las calles vigilando que las personas realicen cuarentena y generando multas a quienes adviertan infringiendo la medida.

Consecuencias de la biopolítica digital:

Más que privacidad, se trata de intimidad, es decir, las empresas, las agencias de espionaje (las oficiales y privadas) y otras, entran en un espacio donde tenemos plena confianza de ser nosotros mismos. Se prevé, así, que la sociedad empezará a autocensurarse (a perder la identidad), como consecuencia de la vigilancia. Es una forma de control social difuso: No son hombres vestidos de negro que tocan nuestra puerta para intimidarnos, sino que la gente se auto intimida por sí sola.

Por eso, quienes luchan para garantizar el derecho a que se respete la vida privada en todas sus formas, incluso online, están entre la espada y la pared: Por un lado se enfrentan a gobiernos restrictivos y por el otro, a empresas ávidas de beneficios.

Andrew Puddephatt, experto en libertad de expresión y derechos digitales asegura:

“El sector privado en la actualidad lleva a cabo diez veces más vigilancia que los gobiernos. Pero en el caso de las empresas, recoger y almacenar cantidades masivas de datos personales no es una actividad que se realice de forma encubierta, sino que forma parte de su modelo de negocio”.

Y concluye: “pocas organizaciones se han puesto a pensar en las masivas consecuencias que tendrán las tecnologías del futuro que ya se están investigando y desarrollando, entre otras, la tecnología que puede llevarse puesta (wearable), la inteligencia artificial y la "Internet de las cosas", una red digital de objetos y dispositivos cotidianos que se conectan y se comunican entre sí”.
DISTOPÍA

La expresión distopía o distópico es un antónimo de utópico, es decir, la descripción de un mundo catastrófico resultante de múltiples razones, desde catástrofes epidémicas hasta políticas y tecnológicas.

Las distopías a menudo se caracterizan por la deshumanización, los gobiernos tiránicos, los desastres ambientales u otras características asociadas con un declive cataclísmico en la sociedad.

La distopía explora nuestra realidad actual con la intención de anticipar cómo ciertos métodos de conducción de la sociedad podrían derivar en sistemas injustos y crueles. De allí que la transformación digital sin un toque humano se convierte en distopía digital.

Las distopías guardan mucha relación con la época y el contexto socio-político en que se conciben. Por ejemplo, algunas distopías de la primera mitad del siglo XX o a mediados de siglo advertían de los peligros del socialismo de Estado, de la mediocridad generalizada, del control social, de la evolución de las democracias liberales hacia sociedades totalitarias, del consumismo y el aislamiento.

Otras más recientes son obras de ciencia ficción ambientadas en un futuro cercano y etiquetadas como ciberpunk, que utilizan una ambientación distópica en que el mundo se encuentra coercitivamente dominado por las grandes transnacionales capitalistas con altos grados de sofisticación tecnológica y carácter represivo.
Es concluyente que la distopía es una advertencia contra los males sociales, políticos, económicos e informáticos, como los ideados por los amos del mundo, que están en marcha o para hacerlos realidad integral al día siguiente en que se venza la mortal pandemia: Covid-29.

En el ámbito de la política John Mill, filósofo, político y economista inglés de origen escocés, en el siglo XIX, fue el primero que utilizó este concepto en uno de sus discursos parlamentarios.

Destacamos que buena parte de las novelas e historias distópicas, utilizan o parten de hechos reales que suceden en las comunidades y que por el contenido negativo que ostentan terminarán generando hechos no queridos y totalmente disfuncionales para la armonía y salud de la sociedad.
Además de John Mill otros autores escribieron libros clásicos sobre distopías: 1984, de George Orwell, Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y Farenheit 451, de Ray Bradbury.

Huxley, a través de su obra publicada en 1932, describe un mundo de castas en función de la genética, y trata el tema de la eugenesia en profundidad. De esta manera aborda temas como la manipulación de embriones para crear una sociedad conformista.

En la obra La pianola de Kurt Vonnegut, publicada en 1952, el autor relata la automatización de la sociedad, donde los ingenieros han sido elevados al nivel más alto de la misma, y los hombres han quedado rezagados por las máquinas.

Por su parte, la serie de televisión británica Black Mirror advierte sobre los efectos indeseados que la tecnología puede generar en la vida humana en un futuro cercano tomando como base la forma en que los usuarios interactúan con los dispositivos tecnológicos actuales. El género distópico se ve reflejado claramente en cada uno de sus capítulos.

Otros clásicos sobre distopías:

The Wanting Seed (1962), escrita por Anthony Burgess.

Los juegos del Hambre, de Suzanne Collins (1964).

Gestarescala (1969, publicada en el 2017), de Philip K. Dick, distopía y alegoría sobre el espacio interior.

El cuento de la criada (1985), de Margaret Atwood.
La chica mecánica publicada en 2009, de Paolo Bacigalupi.

Gestarescala (1969, publicada en el 2017), de Philip K. Dick, distopía y alegoría sobre el espacio interior.

Lecturas necesarias para captar lo que sucede a raíz de la sospechosa aparición de Covid-19, y lo que le espera al mundo al día siguiente de vencer esta guerra contra la criminal pandemia pre fabricada.

Fraternal saludo y adelante, siempre adelante (indoame8 – 14/04/20).

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