Por Marisol Torres Pérez

La fuerza de voluntad también se entrena (y te cambia la vida)
Oct. 22/20.- SJ. PR. En su ensayo El Puertorriqueño Dócil el escritor puertorriqueño René Marqués define dócil del latin docilis como obediente o que cumple la voluntad del que manda.

Luego define la docilidad como carecer de fuerza y aún de voluntad para oponer resistencia a lo que los demás exigen insinúan o mandan con cierta propensión a seguir el ejemplo, a obedecer que nace de su propia debilidad o su desconfianza en su propia inteligencia, conocimiento o fuerza.

1 Todo ello produce un ser víctima de un patético complejo de inferioridad.

En este ensayo escrito por este gran representante de las letras puertorriqueñas, Marqués pretende probar y lo hace, la docilidad o calidad de dócil del puertorriqueño de su tiempo. Si lo es por ser débil por ignorante o acomplejado, o una combinación de los tres, nos dice, es irrelevante para el resultado final con el cual queda demostrada la docilidad del puertorriqueño que él analiza en su ensayo.

A lo largo de los años se ha repetido a la saciedad que el pueblo puertorriqueño es pacífico y tolerante. Estos términos con el transcurrir del tiempo y la manipulación de los políticos del patio, en el colmo del eufemismo, han transformado a ese puertorriqueño dócil en democrático.

Se elogia así al puertorriqueño cuando éste tolera lo que cualquier hombre civilizado no toleraría en ninguna democracia del mundo contempráneo.

Una muestra de esto lo vimos el pasado domingo en el Puerto Rico actual.

La senadora colonial Nayda Venegas Brown del anexionista Partido Nuevo Progresista fue la portavoz y
líder una caravana a favor del presidente Donald Trump por varios pueblos del área metropolitana que organizó la entidad conocida como Puerto Ricans for Trump. Muy jubilosa expresó a la prensa:

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 "Hoy hicimos historia en Puerto Rico, los supuestos "pocos" los que supuestamente no existían les demostramos que somos muchos más de lo que ustedes creen!! Todos juntos en solo propósito, apoyo a nuestro Presidente Donald Trump. Puerto Rican’s For Trump!!"

Publicó en las redes sociales fotos y videos. En uno de éstos se pudo apreciar el acto de culminación de la caravana en el local del Partido Republicano en Puerto Rico en cuya tarima detrás de la senadora colonial se vio una enorme bandera estadounidense al frente de la cual en estricta formación y portando fusiles AK 47 se apreció un destacamento de guardias uniformados de negro y sin identificación. Tal pareció un cuerpo de paramilitares.

Trump ha sido muy vocal en su desprecio a Puerto Rico y los puertorriqueños.

Para él los puertorriqueños somos una raza de harapientos corruptos, peores que lo peor de los mexicanos –quienes representan en su mente enferma lo más bajo de la condición humana- un hato de inútiles e inservibles que cual pichones sólo están a la espera de que le caigan en los picos las eufemísticamente llamadas ayudas federales.

Huracanes, sismos, inundaciones ha sufrido Puerto Rico y de Trump, es decir del imperio, sólo ha recibido desdén e indiferencia. Aún así, en el colmo del puertorriqueño dócil, al decir de René Marqués, hay quien sigue ñangotado, pensando que el blanco del norte abrirá sus puertas a los negritos, marrones del Caribe para acogerles como sus hijos.

En estos nacidos en Puerto Rico sin identidad propia ni columna vertebral, sin memoria mediata pero, peor aún inmediata, sólo prevalece y los mueve el interés material.

A los desposeídos que les siguen, la ignorancia y la presión de no perder un empleo o la esperanza de obtener uno.

Al decir de Pedro Albizu Campos el dilema en Puerto Rico es claro: con los yanquis o con los puertorriqueños. Los cipayos, como los que participaron de esa caravana el domingo pasado, como hijos bastardos de Jorge Washington que se vayan a vivir a la sombra de las estatuas de los libertadores de Estados Unidos, porque como nos dijo El Maestro, los esclavos que no saben defender la libertad de su patria , para lo único que sirven es para limpiar el pedestal de los déspotas.

 

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