Por Luz Marina López Espinoza


Oct. 24/19.- “Me han sorprendido un montón de mujeres, mujeres de fuego, mujeres de nieve”. #SilvioRodríguez Este 27 de octubre los habitantes de Bogotá tendremos la oportunidad de tomar una decisión histórica: llevar al Honorable Concejo de la ciudad a una mujer que representa lo que nos es más entrañable: la causa popular. Pero la auténtica, la […]
“Me han sorprendido un montón de mujeres, mujeres de fuego, mujeres de nieve”. #SilvioRodríguez

Este 27 de octubre los habitantes de Bogotá tendremos la oportunidad de tomar una decisión histórica: llevar al Honorable Concejo de la ciudad a una mujer que representa lo que nos es más entrañable: la causa popular. Pero la auténtica, la sentida; no esa descaecida en el corazón y escarnecida en el actuar, que sacan a relucir en sus discursos cada cuatro años los cazadores de votos.

Estamos hablando de Liuva Vargas, mejor Sofía Nariño, la ex combatiente de las Farc que adolescente apenas, dejó el amado páramo del Sumapaz, para irse más allacito adentrándose por esos caminos que conducen al Duda, al Pato y al Guayabero. Mejor dicho por los territorios del legendario “Barcino”. Y allí estuvo veintidós años combatiendo, pero sin perder la alegría ni su vocación por el arte, sembrando de una y otro no sólo las filas guerrilleras sino las comunidades con las que así fuera de paso apenas compartía las vicisitudes de la vida insurgente.

Sofía Nariño viene además de una probada estirpe de luchadores sociales y políticos, lo que es redundancia decir en tratándose de los pobladores del Sumapaz. Pero es que su madre Dora Vargas ha sido una militante revolucionaria de todas las horas. Asumiendo todos los riesgos, pagando todos los costos, realizando las tareas más riesgosas. No en vano ha visto incontables de sus camaradas y coterráneos caer asesinados, torturados y encarcelados. Y en esa fuente bebió Liuva, mejor Sofía Nariño, el nombre con el que se hizo reconocer como firme militante en las FARC, el mismo con el que el ahora el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común la exalta dándole su representación para emular por una curul en el cabildo de la capital de la República.

“Del monte al Concejo” reza el eslogan que espontáneamente se acuñó entre los activistas de su campaña. Y allí, a dar guerra sí, pero con la palabra, bien aderezada con las exquisiteces de la razón. Para arrancarle al poder establecido para las clases populares, beneficios perfectamente posibles con un mínimo de generosidad: educación gratuita en las universidades y politécnicos distritales, mejoramiento sustancial de la red de salud pública, y arte, deporte y recreación para la infancia y la juventud.

Tales las claves programáticas que ameritan votar por Sofía Nariño para el Concejo de Bogotá. Sin dejar de considerar el reconocimiento que en justicia, sin fanatismos ni resentimientos, la sociedad debe dar a una insurgencia histórica como las FARC-EP, que después de medio siglo de lucha y asumiendo todos los riegos, acepta ir a la liza civil para por este medio pugnar por los cambios revolucionarios que están en su ideario. Como son las razones para votar por las docenas de insurgentes farianos hoy reincorporados y que piden el favor popular este 27 de octubre: Isabela Sanroque por el edilato en la localidad de Teusaquillo, Julián Conrado por la Alcaldía de Turbaco, Rubén Zamora Asamblea de Norte de Santander, Sandra González Concejo de Montañitas en el Caquetá. Luz Edith Chilo Alcaldía de Caldono

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